martes, agosto 28, 2012

Ciudadanía Universal: Pilar fundamental para el desarrollo de las sociedades contemporáneas. (Corregida)

“Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos.”

Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948
Artículo 28


 ¿Por qué este tema? El interés general sobre las coyunturas mundiales nos retoma al hecho lógico ya percibido por los grandes pensadores de la Ilustración: un proceso en el cual las mayores cuestiones de interés colectivo sean dirimidas por el uso de la razón, en contraposición a la cuestión teológica/metafísica que siempre estuvo dirimiendo dichos asuntos; por tanto, es lógico pensar que si se usa esta herramienta como recurso inicial y terminal no es otra cosa que consecuencia de que el hombre ha entrado en la etapa contemporánea de la civilización; también es relevante la forma en cómo se elige a quienes nos representan: ya no se llega al poder por el famoso mandato divino, o por cuestiones de herencia o porque la “mayoría” (o sea la Aristocracia) designe a quien poner en el cargo para representar un colectivo, sino que se llego a resolver que todo aquel que aspire a representar a un conglomerado, debe ser elegido entre todos sin distinción alguno. El poder del Sufragio Universal nace.

Este acto de subordinar el poder a otro para que trabaje en pro de las necesidades de la mayoría nos lleva a otra pregunta, ¿Puede un ciudadano ser parte de un todo sin separarse de su hecho?; ese ciudadano, que tendría el poder de dirimir, como debe ser, en cualquier ámbito y en cualquier lugar, es un Universal, pero este Universal no se debe a su conocimiento ni sus capacidades. Nos referimos a todos quienes conformamos la sociedad humana, ¿O es que acaso, por ejemplo, el cambio climático o la crisis financiera, no afecta a todo el mundo, y ese “todo” no interesa de esos asuntos?

Importa destacar la relevancia que es este Ciudadano para el mundo, pues no existe en su aplicación, no se lo ve (Tal vez los de a pie), pero pide un cambio estructural de su base, no como un hecho político aislado, sino como un fenómeno social en la cual toda interacción termina en el algún lugar desconocido y nuestra consciencia todavía es ajena a ella; también, este sujeto, por su concepción cosmopolita, debe estar al tanto de lo que sucede, aunque sea un mínimo, de lo que ocurre en su lugar de origen (A veces y con frecuencia, pasa que ni nos enteramos de lo que sucede a la vuelta de la esquina, sea por desinterés o desidia).

La Conferencia Universal de Derechos Humanos de 1993, celebrado en Viena, Austria, se adhiere al pensamiento de la Declaración de los Derechos Humanos de 1948 donde dice claramente: 

“Considerando los cambios fundamentales que se han producido en el escenario internacional y la aspiración de todos los pueblos a un orden internacional basado en los principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, en particular la promoción y el fomento de los derechos humanos y las libertades fundamentales de todos y el respeto del principio de la igualdad de derechos y de la libre determinación de los pueblos, en condiciones de paz, democracia, justicia, igualdad, imperio de la ley, pluralismo, desarrollo, niveles de vida más elevados y solidaridad…”  (Conferencia Mundial de Derechos Humanos; Declaración y Programa de acción de Viena. Viena, 14 a 25 de junio de 1993.)

Esta parte nos da claramente el camino por el cual, todos y cada uno de los que conformamos la sociedad humana, debemos constituirnos en ese “ciudadano universal”, para lograr todos los enunciados presentes, que son la última Declaración que se ha hecho sobre Derechos Humanos. 

Para finalizar, en todo ámbito, es necesario el interés por parte de los actores sociales a ser parte de este gran conglomerado; ese desinterés que se ve a nivel mayoritarios, hasta para sus cosas particulares (Que es como un arraigo social), debe ser modificado a uno como un elemento de transformación de las cosas que nos competen. El sociólogo debe estar consciente que un trabajo de esa naturaleza implica grandes sacrificios, pero sin duda alguna, el mayor premio será observar a una sociedad con ciudadanos universales más activos, más críticos, proponentes de idea y pragmáticos en la solución de las problemáticas diarias en la que viven todos y cada uno de nosotros. Ese debe ser uno de los objetivos principales para todos.

¿Cuál es la definición de “Ciudadano Universal”?

Según María Teresa Gil Bazo, “Condición que permite identificar a todos los seres humanos como miembros de una misma comunidad política”. 
(www.dicc.hegoa.ehu.es/listar/mostrar/32)

Los atributos de la ciudadanía vienen generalmente determinados por el vínculo existente entre los individuos y un Estado determinado. Sin embargo, los derechos humanos pueden entenderse como una forma universalizada de ciudadanía, que trasciende los límites de la pertenencia al Estado tanto en sentido nominal como territorial.

Los derechos humanos deben incluir así un derecho básico a la ciudadanía, que actualmente se formula sólo negativamente como el derecho a no ser privado de la nacionalidad. Este derecho podría reformularse como un derecho positivo, como el derecho de acceso a la “ciudadanía sustancial”, es decir, el derecho a la no discriminación de los miembros de la sociedad que residen en ella de manera permanente, no sólo con respecto a sus derechos humanos universales, sino también con respecto a derechos de ciudadanía más específicos en la sociedad en la que residen.

La existencia de los derechos inherentes a la ciudadanía implica siempre una llamada dirigida a las autoridades políticas que pueden hacer efectivos dichos derechos. Para los derechos universales, estas instituciones no pueden ser sólo las de los Estados soberanos individualmente considerados. La efectividad de los derechos humanos necesita claramente instrumentos más sólidos de Derecho internacional y un poder judicial internacional que garantice la jurisdiccionabilidad de tales derechos. En la estructura política global, tales instituciones se encuentran actualmente situadas a nivel de la comunidad internacional de Estados.

Los individuos, por su parte, gozan de un reconocimiento cada vez mayor de su condición de sujetos de Derecho internacional, precisamente en la medida en que pueden exigir internacionalmente el reconocimiento de los derechos que los Estados se han obligado a respetar. Es el lugar que ocupa el individuo en el orden jurídico internacional el que permite afirmar el desarrollo de una ciudadanía universal definida por el disfrute de los derechos fundamentales básicos. 

El universalismo jurídico, tal y como la tradición jurídica occidental lo construyó, ha generado un sujeto de derechos extremadamente individualista, a la vez, que despojado de sus circunstancias particulares y de sus identidades múltiples. Ello se debe a que dicho universalismo, junto con el individualismo metodológico y con el constractualismo político liberal -signos todos ellos definitorios y constitutivos del proyecto de la modernidad-, provocan en la práctica una abstracción y una vaciedad antropológica en los sujetos de derecho, en aras de una igualdad formal de los individuos ante la ley, que hoy día se muestra claramente insuficiente por diferentes razones, algunas de las cuales irán surgiendo en este trabajo.

El ideal ilustrado de una igualación formal de todos los individuos ante la ley cumplió, sin lugar a dudas -y sigue cumpliendo-, una función muy importante en el tránsito a la modernidad, así como en la constitución de los sistemas jurídicos y políticos modernos. Sin embargo, el universalismo jurídico de la igualación formal tuvo también sus costes, a saber: construyó una lógica cada vez más neutralizadora y mutiladora de la pluralidad y de la diferencia, la cual valiéndose del presupuesto epistemológico de la reductio ad unum ha "hipersimplificado" la diversidad, la diferencia y la complejidad ontológicas de las sociedades y de sus individuos; en definitiva, construyó una ficción jurídica universal, la cual en la práctica generaba también exclusión. Ahora bien, todo lo que fue quedando al margen de esa lógica abstracta y neutralizadora del ideal ilustrado de la modernidad tarde o temprano ha ido resurgiendo, y lo ha hecho, precisamente, en forma de problema o de conflicto social, el cual, finalmente, acaba siendo también un conflicto normativo y/o jurídico. La "diferencia" y la "pluralidad", en todos sus sentidos, plantean en la actualidad un difícil reto a todas aquellas estructuras sociales, políticas y jurídicas, las cuales homologan universal y formalmente a los seres humanos, produciendo en ellos una importante vaciedad antropológica, a la vez, que un alto grado de injusticia social en los concretos procesos sociales. Todo esto nos conduce, consecuentemente, a asumir la crisis de los modelos y las estructuras de regulación social tradicionales, especialmente, el Estado moderno estructurado como estado-nación y el derecho entendido únicamente como un sistema jurídico monista, centralista y soberano.

El resurgimiento de la descentralización o policentricidad jurídica, de la pluralidad, en su sentido más amplio, así como, las reivindicaciones de reconocimiento jurídico de las diferencias e identidades etnoculturales exigen un esfuerzo por buscar nuevos modelos o nuevas estructuras, que permitan dar una respuesta adecuada a dicha problemática. Puesto que, el concepto teórico de los derechos humanos, así como el concepto de ciudadanía mediante el cual se accede a la titularidad de aquéllos, han sido el instrumento de democratización de los estados modernos, a la vez que estos últimos han ido buscando vías de institucionalización política y jurídica de aquéllos, se hace necesario, también, repensar esas conquistas de la modernidad, bajo fórmulas más coherentes con la etapa de postmodernidad, en la que ya vivimos, y con la específica problemática, que en ella se da.

Quizás habría que comenzar con una deconstrucción - en los términos del enfoque filosófico-lingüístico propuesto por Derrida  - del concepto formal del sujeto de derecho, entendido como un sujeto individual, abstracto y descontextualizado, es decir, deconstruir la subjetividad kantianamente individualista y anuladora de todas las diferencias, y proseguir con una reconstrucción del ser humano inmerso en sus raíces comunitarias, en sus identidades múltiples, en una palabra, en una "subjetividad plural", heterogénea, abierta a elementos espurios e indeterminados; solamente con este planteamiento inicial sería posible, a mi juicio, reabrir el diálogo con otras formas de vida y con otras culturas, y llegar así a una verdadera integración intercultural, que permita mantener la cohesión social sin márgenes de exclusión y ni de marginación. 

Esta lógica de la deconstrucción del “ciudadano universal” está dada en la medida de los hechos globales, es decir, es parte de esa necesidad de interactuar con todos los elementos estructurales a las cuales se subyace, por tanto, se sigue en la misma línea de la autora Fariñas cuando dice:

"Nos encontramos también un fenómeno paradójico, pero íntimamente relacionado con el anterior, cual es, el de la "transfronterización" de la ciudadanía o, incluso se podría decir, el fenómeno de la "globalización" de la ciudadanía. Este proceso podría conducir a la constitución de una "ciudadanía universal", como globalizadora de todas las ciudadanías fragmentadas, o a una "ciudadanía cosmopolita", basada en un nuevo derecho de gentes". 
(FARIÑAS, María José. Ciudadanía Universal vs Ciudadanía fragmentada. Universidad Carlos III de Madrid. Tomado de:  http://www.uv.es/CEFD/2/Farinas.html)

Esta ciudadanía cosmopolita choca con una gran realidad: las migraciones.

En efecto, como se sabe, el trato discriminatorio a mermado el legítimo derecho de elegir entre una tierra a la cual llega; está acción reprime claros derecho fundamentales ya consagrados en La Declaración de 1948 y su posterior adhesión de la de Viena de 1993 en la cual, todos son libres e iguales en dignidad y derechos…  y pueden gozar, como conglomerado, de una determinación tal en la cual puedan elegir y ser elegidos sin ser parte de la sociedad a la cual se acogen. 

En el país de destino el indocumentado suele estar sujeto a todas las violencias posibles. Unos sufren unas más que otras; ello depende del país y sector donde radiquen. La violencia cultural suele tener una dimensión mayor, manifestada en identidades culturales y nacionalismos que impugnan la presencia del otro, del forastero, del extranjero, mediante estigmas, discursos, símbolos y eslogans. En no pocos casos la xenofobia se incrementa de manera notable, y los migrantes son atacados físicamente.

El retorno de los migrantes no es nada idílico: sufren extorsiones, robo de pertenencias y dinero, decomisos, encarcelamientos, detenciones arbitrarias, y en ciertos casos son condenados al ostracismo por haber abandonado sus comunidades.

Cuando encontramos situaciones de violencia estructural, violencia cultural, violencia física y violencia política, institucional o no, la población se halla en condiciones de paz imposible, las cuales hacen que el ser humano no tenga lo mínimo para satisfacer necesidades de alimentación, vestido, educación y vivienda; que no tenga garantizadas las mínimas condiciones de respeto a la vida; que duerma con la muerte encima; que el pánico, el terror y la angustia se apoderen de él al ser presa fácil de actores armados legales o ilegales; que tenga que callar y huir por pensar diferente, por cuestionar un sistema político. En esa desesperante condición imposible de paz, el migrar se constituye en una válvula de escape que en algunos casos puede ser más infernal que el origen del problema; pero en otros puede conducir a una paz imperfecta, o a condiciones de paces entre sociedad receptora e inmigrantes.

En ese nuevo hábitat del inmigrante, el reconocimiento y el empoderamiento a su condición de ser humano, a sus derechos políticos, sociales y de migrante son clave para transformar la gama de violencias por condiciones tolerables, pacíficas y de buen vivir. En este sentido, el texto de Alex Honneth (1997), La lucha por el reconocimiento, aporta significativamente a los estudios para la paz en su relación con la inmigración a partir del reconocimiento individual, social y cultural. Ello implicaría, de manera práctica, relaciones pacíficas, diálogo de culturas e integración de mutuo respeto. 

Al ser el inmigrante un trabajador, un portador de cultura, de idioma, se constituye por sí mismo en un agente activo de paz, de disponibilidad dialógica intercultural que aporta a la paz mundial desde esa condición cultural diversa. Pero para que ello sea potencializado, se requiere que la sociedad receptora responda en la misma dirección de reconocimiento e integración mutua; lo cual, en concreto, implica el respeto a los derechos humanos con promoción de igualdad y equidad con énfasis en el reconocimiento del otro cultural, de manera que juntos participen en la construcción de otro mundo, que tenga como base la justicia, la libertad y la democracia.

Los inmigrantes serán libres de optar por la integración, la incorporación, la inclusión o la asimilación en la sociedad receptora, eso depende de sus intereses, el tiempo de inmigración, la cultura original, las identidades sociales, étnicas, culturales, religiosas y nacionales. El inmigrante decidirá consciente y en muchas otras circunstancias de manera inconsciente, qué hacer con su legado cultural, con sus identidades. En algunos casos se integrará adoptando la cultura del país receptor sin renunciar a su cultura de origen, y sin resolver otras violencias como la estructural, lo que pudiera ser susceptible de entenderse como paz imperfecta. La imperfección de la integración del inmigrante estaría en su generalidad determinada por la misma imperfección del ser humano, de las leyes del país receptor, de las políticas migratorias, de los desniveles de reconocimiento mutuo presentes en los inmigrantes y también en la sociedad receptora y de las condiciones objetivas para la integración. 

Estas concepciones dadas nos dan un derrotero a seguir. La cuestión universal del ciudadano procede por cómo trabaja dentro de su localidad y puede enfocarse en su ámbito, como enfoca el mismo y globaliza su forma de pensamiento, para tener claro cuál o cuáles son las problemáticas que se deben entender y partir en busca de soluciones.

Análisis sobre la Ciudadanía Universal: un enfoque desde la perspectiva interaccionista y sus efectos en el desarrollo de las sociedades contemporáneas.

La cuestión universalista de la ciudadanía parte del hecho de que todos somos iguales ante la ley; esa lógica es la que debe ser la correcta, pero en la práctica real, lo “correcto” no entra en el escenario de lo plausible. El escenario actual es que muchas sociedades a nivel mundial gozan de una estratificación tal que la brecha ricos – pobres ha aumentado de manera exponencial; brecha que agudiza las crisis sociales que se ven en muchos países, especialmente en donde las políticas públicas no abastecen – por así decirlo – al colectivo más amplio que debe ser el que deba beneficiarse de dichas políticas.

En este mismo escenario, es normal que se apele, con determinada frecuencia, a modelos sociopolíticos que están en auge y aspiren a cumplir las expectativas de las mayorías, como por ejemplo el sistema de Bienestar que se está desarrollando en gran parte de Sudamérica con los procesos políticos socialdemócratas en la franja del Pacífico Sur; esa visión de lo “correcto” hace caer en cuenta que siempre existe una élite de poder dispuesta a sostener sus privilegios, sin importar su distinción ideológica, por tanto, lo más acertado es tratar de mejorar las condiciones de vida de esa gran parte de la población con el objetivo concreto de que ese “mejoramiento de vida” se vea favorecido en el aspecto de lo “correcto” y se manifieste en momentos electorales, muy especialmente.

¿Y qué tiene que ver todo esto con la Ciudadanía Universal? Lo tiene que ver todo.

Sí, aunque se trate de demeritar el hecho de que la ciudadanía no haya ejercido sus derechos desde la cuestión natural de su ser (Es decir, como un sujeto político – civil), es inherente de su ser la cuestión de una elección racional que hacen todos y cada uno de estos sujetos con respecto al entorno y las condiciones en la que se encuentra: cuando lo hace como “usuario”, como “abonado”, como “proveedor”, como “cliente”, como “consumidor”, etc.

Esta lógica se enmarca en una cuestión mundial, en la cual, aún si la(s) condición(es), todos tenemos esa aspiración a aplicar esos derechos que están tipificados en los más altos documentos mundiales sobre Derechos Humanos existen y en su gran mayoría son desconocidos, tanto por desinterés, o tanto sea por mala fe de aquellos que nos han dirigido por muchos tiempo.

Todos y cada uno de los ciudadanos, enmarañados en este gran sistema global, nos es inefable el hecho de que todo lo que nos rodea nos es de desinterés. Error gramatical y de práctica.

En el primer caso, la lógica natural nos dice que si bien el ciudadano no aplica sus derechos por desconocimiento, esto no nos aleja del hecho real (El “mundo objetivo” en palabras de Durkheim), de las “cosa” universal: ¿Acaso no es de nuestro interés lo que sucede en Japón con respecto a la cuestión nuclear acaecida por el Terremoto de hace un mes, aproximadamente?, alguien dirá que eso es de allá. Yo digo que es también parte nuestra, pues, de una u otra manera, nos afecta social, cultural y económicamente el hecho de que ese país sufra los estragos que se generó por el Terremoto, ¿Acaso también no es lo mismo como lo de Haití o Chile? Se aplica la misma lógica, ¿Dónde están los ciudadanos no japoneses reclamando el derecho a la no contaminación global o al bienestar económico de sus congéneres? 

En el segunda término, la cosa es mucho más funcional. La sociedad contemporánea aspira a tener ciudadanos universales que conozcan los derechos de sí mismo y aspiren a la defensa del “otro”, pero, ¿Cómo no hacerlo si no se interesa por la “cosa” universal? Cuando se pretende dar por sentado un hecho que no se consume, se aspira a dejar que las cosas sigan su curso. “Dejar pasar” es el sentido que se asume como hecho. Pero este espacio de razón no da pie a una segunda oportunidad: el hecho de que suceda una acción como la quiebra mundial de hace tres años, se ignora a los que realmente fueron el sostén de que el mundo no se desplomará totalmente, que fueron los ciudadanos de a pie (como se da a conocer a ese sector que se ignora desde lo macro), para dar oportunidades a aquellos que ya la tuvieron; pero, si una parte de ella iría, por ejemplo, al África , a que sustentará económicamente la alimentación de los más necesitados, se hace una labor digna, no suficiente, pero tal que sería el punto de partida para dejar de dar la espalda a la problemática como la pobreza y la desnutrición, cuya mayoría de países están por debajo de Índice de Desarrollo Humano , lo cual muestra un total desinterés por la “cosa” de parte de los ciudadanos.

La aspiración es que cada uno se entere, se informe, se aplique en las cuestiones de interés general y cotidiano, pues es la mejor herramienta para encarar el futuro sin miedos ni temores; todos tenemos ese derecho y obligación, tanto para defender el derecho nuestro, como el derecho del otro.

Todo esto tiene su lógica sociológica, pues como tal, el enfoque hacia las interacciones nos lleva a un campo más a lo cotidiano, con el fin de conseguir explicar - espero no lo logre (sic) – esa sutil esencia que nos separa del “uno cercano al otro lejano”; aglutinando a todo el sistema intermediario, pero sin dejar de lado su importancia, pues la idea de “uno aquí”, puede ser traducida por la “concepción del “otro allá”. Esto ya lo han explicado por montones los funcionalistas y los interaccionistas simbólicos (Casos como G.H Mead con su idea del “yo espejo”; T. Parsons y sus aportes al estructural funcionalismo; N. Luhman y sus enfoque sobre los sistemas y otros autores que se me pueden pasar por omisión), pero trataré de darle un poco más de énfasis al día a día (O sea, hacia la lógica del Interaccionismo simbólico), pero ubicando su funcionalidad como sistema de vida diario manifiesto. 

Bien, es claro en el día a día nos lleva por derroteros muy diferentes, a los cuales cada uno se enlaza, desde cualquier punto de vista, con otro no muy lejano, pues ese elemento lógico como la distancia solo es permisible hasta determinadas causas, por ejemplo: aquel que viven en una ciudad, debería tener clara la noción de lo que sucede en su misma ciudad, pero no lo está; y no lo está tal vez por esos elementos que se mencionaron en el subtema anterior de una manera latente, pero que en realidad son manifiestos, como el desinterés, el poco apego hacia su propio entorno, su causa “objetiva” de la misma, etc. Estas variables permiten adentrarnos en un mundo mucho más complejo de lo natural, pero natural es que, si bien el ser humano como ente social, tiene que estar al tanto de lo que sucede, dirá de lo que no es de su entorno: “No me interesa porque no es parte de mí” , está lógica se apega a la cuestión de estar desapegado de la cultura universal que es la diversidad de la sociedad como elemento unificador de un conjunto de ideas que sobrepasan los linderos fronterizos, sean cuales sean, con el afán claro de estar totalmente compenetrados en la “cosa” pública, con el objetivo de poder comprenderla y saberla “decodificar”. Esta lógica codificada nos complica a muchos (y a los sociólogos en menos medida), en el sentido que muchos científicos sociales pecan de cienticistas al tratar de establecer una idea de lo que ocurre con la sociedad, poniéndole trabas, seguramente para darse el lujo de que solo ellos pueden comprenderla. Error.

Esta lógica nace como un asunto cienticista en el cual todos los que son parte de este grupo selecto debe manejar las directrices de cómo se debe “resolver” la o las cuestiones que se manejen dentro del espectro en el ámbito en el cual se manejan, lo cual no es incorrecto en última instancia, pero, ¿Dejar en manos de una minoría selecta la resolución de conflictos, cuando la misma sociedad, sin intermediarios, puede solucionarlas? Es imprescindible forjar el interés de la gran mayoría, pues, la Historia nos ha dado ejemplos claros de que el quemiimportismo no es la solución a los problemas, parafraseando a Martín Niemoller : “Hubo terremoto en Haití y no me importó, pues no soy de allá; hubo terremoto en Chile y no me importó, pues no soy chileno; les llegó el tsunami a Japón y no me importó, pues no soy de esa nación; me llegó a mí y era tarde.”

Así mismo parte la lógica de que no podemos dejar de lado cuestiones elementales de una sociedad a un grupo; lo que es pertinente, en último escenario, es su capacidad lúcida de dar un apoyo a la “cosa objetiva”, pero no dejar estas cuestiones en esas manos. Por otro lado, es importante destacar el status que adquieren los que se desenvuelven aquellos que tienen la capacidad plena de desarrollarse debido a su interés por todo o el mayor conglomerado posible; este escenario es posible gracias al entendimiento que le dan o le dan a el sistema y no se la pasan criticando sin dar una solución al problema real, sino más bien siendo parte de una solución específica que comulgue con el sentido común y la racionalidad propia de aquellos que están inmersos en dicha “cosa”, por consiguiente, a mayor grado de conocimiento de las cuestiones públicas y privadas que se manifiesten o estén latentes en la sociedad, mayor grado de análisis e interpretación se le dará(n) a dichos eventos, lo cual es útil a la hora de tomar decisiones que sean del beneficio del colectivo.

Conclusión.

Hay muchos subjetividades y, posiblemente (y a la vez), muchas realidades que tal vez la sociedad no trate debido a que hay algo que está por encima de otro tema, sin embargo, es irreal tratar de sostener igualdad sobre todo tópico debido a sus multidimensionalidad a la cual los mismos se tratan, por el impacto que tengan, por la connotación de los mismos; esto implica mayor severidad en los más relevantes temas; también doy una crítica a la cuestión superficial que muchos medios de información le dan a la construcción de una sociedad mucho más cosmopolita y desenvuelta, que trate temas más importantes como un “Miss Universo”, por ejemplo, e ignoremos la problemática de la pobreza en África, la cual, la mayoría de sus países gozan de los más bajos niveles de desarrollo Humano, lo cual implica poco acceso a la educación, bajos ingresos y pobres niveles de acceso a vivienda.

El Estado, en conjunto con estas instituciones y la sociedad civil, tienen un enorme enfrentamiento para poder dar prioridad a las cuestiones en las cuales los derechos fundamentales no estén en riesgo. Es compromiso de todos.








Fuentes:

- DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS de 1948.

- CONFERENCIA MUNDIAL DE DERECHOS HUMANOS; DECLARACION Y PROGRAMA DE ACCION DE VIENA. Viena, 14 a 25 de junio de 1993.

- http://www.dicc.hegoa.ehu.es/listar/mostrar/32 (Definición de "Ciudadanía Universal")

-FARIÑAS, María José. CIUDADANIA "UNIVERSAL" VERSUS CIUDADANIA "FRAGMENTADA". Universidad Carlos III de Madrid. Tomado de: http://www.uv.es/CEFD/2/Farinas.html

- SANDOVAL, Eduardo Andrés. Ciudadanía universal, derechos políticos y paz en la migración. Tomado de: http://www.eumed.net/libros/2009b/531/Ciudadania%20universal%20derechos%20politicos%20y%20paz%20en%20la%20migracion.htm

-   http://www.periodismoenlared.com/africa-continente-olvidado http://www.pobrezamundial.com/pobreza-en-africa/

- http://hdr.undp.org/es/datos/tendencias/ (En este índice, se muestra los países del áfrica Subsahariana y también se puede acceder a los países con el índice más bajo, estando los países africanos ocupando los últimos puestos).
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